Gremiales | 29 de agosto
Ángel Gélvez: “Si un frigorífico tuviera que vivir solamente del consumo interno, estaría cerrado”
El secretario general del Sindicato de la Carne de La Plata, Ángel Gélvez, analizó en Sirivinsky Stream la fuerte caída del consumo de carne, el impacto de los costos sobre frigoríficos y carnicerías, el crecimiento del trabajo no registrado y el deterioro del poder adquisitivo.
La crisis del consumo interno comenzó a golpear con fuerza a toda la cadena de la carne. Así lo describió Ángel Gélvez, secretario general del Sindicato de la Carne de La Plata, Berisso, Ensenada, Punta Indio y Magdalena, durante una entrevista con El Sindicato en Sirivinsky Stream.
Según explicó el dirigente, el consumo interno habría retrocedido alrededor de un 47%, en un escenario marcado por la pérdida de puestos de trabajo, la caída de los ingresos y el aumento de los costos básicos de las familias.
“La gente no tiene trabajo y no tiene para comprar. No consume porque no tiene para comprar”, resumió Gélvez al describir una situación que, según sostuvo, ya dejó de ser un fenómeno puntual para convertirse en una problemática generalizada.
Frigoríficos: exportar para sobrevivir
Uno de los principales cambios que observa el dirigente en la actividad es el creciente peso de la exportación dentro de frigoríficos que históricamente estuvieron orientados al mercado interno.
Gélvez explicó que algunas empresas comenzaron a exportar para compensar la pérdida de demanda doméstica. Incluso frigoríficos tradicionalmente exportadores incorporaron parte de su producción al mercado local con el objetivo de sostener los niveles de actividad.
La situación, planteó, es clara: el mercado interno por sí solo ya no alcanza para garantizar la supervivencia de muchas plantas.
“Si hoy un frigorífico tiene que vivir del consumo interno, estaría cerrado”, sostuvo. A esto se suma otro problema que impacta directamente sobre la producción: las dificultades logísticas y climáticas para trasladar hacienda. Las inundaciones en distintas provincias, explicó, complicaron la salida de animales hacia los establecimientos de faena.
Menos consumo, menos empleo
La caída de la actividad también tiene su correlato laboral. Gélvez señaló que los frigoríficos no están incorporando personal y que el objetivo del sindicato pasa actualmente por preservar los puestos de trabajo existentes y evitar despidos.
La situación también se siente en el comercio. El dirigente marcó especialmente la problemática del trabajo no registrado en las carnicerías, un sector donde, según describió, la informalidad continúa siendo un problema importante.
“Hay mucha gente sin registrar. Hay que salir a hacer inspecciones”, planteó. En ese sentido, destacó el trabajo conjunto con el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires para impulsar controles sobre registración y condiciones laborales.
Según explicó, Nación mantiene competencias vinculadas principalmente al encuadramiento sindical y otras cuestiones específicas, mientras que las tareas inspectivas relacionadas con registración y condiciones de trabajo tienen un fuerte componente provincial.
El costo de la energía también golpea a los frigoríficos
Otro de los puntos centrales de la entrevista fue el aumento de los costos empresarios. Gélvez contó que recibió planteos de frigoríficos que pasaron de pagar alrededor de 10 millones de pesos a 30 millones de pesos por el servicio eléctrico. El incremento tiene un efecto directo sobre una actividad que necesita un elevado consumo energético para funcionar.
Para el sindicalista, el problema termina trasladándose a toda la cadena: si aumentan los costos de producción, las empresas deben absorberlos o trasladarlos a los precios, pero cuando los precios suben en un contexto de salarios deteriorados, el resultado termina siendo una nueva caída del consumo. “Alguien lo va a pagar. Lo paga el usuario, el consumidor”, sostuvo durante la entrevista.
La carne perdió lugar frente al pollo y el cerdo
La modificación de los hábitos alimentarios también aparece como una consecuencia de la crisis. Gélvez reconoció que el pollo y el cerdo ganaron terreno frente a la carne vacuna debido, principalmente, a la diferencia de precios. La consecuencia es visible en las familias trabajadoras, que deben reemplazar productos o reducir las cantidades compradas para poder llegar a fin de mes.
El tradicional asado, uno de los símbolos de la cultura popular argentina, quedó convertido en un gasto difícil de afrontar para muchos hogares.
Durante la charla, Gélvez y los conductores graficaron la situación con una comparación cotidiana: para una familia, comprar carne para un asado implica hoy un desembolso que compite directamente con otros gastos esenciales del hogar.
La discusión no se limita entonces al precio de un corte determinado. El problema, planteó el dirigente, es que los salarios dejaron de acompañar el costo de la alimentación y de los servicios.
“Antes un carnicero te regalaba un kilo de falda”
Uno de los pasajes de la entrevista puso el foco en cómo cambió el vínculo entre trabajadores y consumo. Gélvez recordó que años atrás era habitual que un trabajador pudiera comprar varios kilos de carne e incluso recibir algún corte adicional como parte de la compra.
Hoy, en cambio, esa situación prácticamente desapareció porque los consumidores compran menos y buscan permanentemente precios más bajos.
La caída del consumo afecta así a ambos extremos de la cadena: el trabajador pierde capacidad de compra y los comercios pierden volumen de ventas.
En ese contexto, también proliferaron nuevas modalidades de comercialización, como frigoríficos que venden directamente al público para eliminar intermediarios y ofrecer precios más accesibles.
Endeudamiento: la tarjeta como salvavidas
El deterioro del poder adquisitivo también está generando un fenómeno que el sindicato observa de manera cotidiana: el endeudamiento de los trabajadores.
Gélvez señaló que recurrir a la tarjeta de crédito se convirtió en una herramienta habitual para quienes no consiguen llegar a fin de mes. También destacó el papel de las organizaciones sindicales y sus mutuales como espacios a los que recurren los trabajadores cuando los ingresos ya no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
La lógica es cada vez más repetida: primero se utiliza el salario, luego la tarjeta y finalmente se recurre a mecanismos de financiamiento para cubrir gastos corrientes.
Paritarias: un 8% con revisión
En materia salarial, el secretario general explicó que el sector viene de alcanzar un incremento cercano al 8% con cláusula de revisión, bajo un esquema acumulativo.
Gélvez destacó que las negociaciones se desarrollan con las cámaras empresarias y que el vínculo existente entre el sindicato y los empleadores permite encontrar mecanismos para sostener la actividad.
El salario de un operario inicial del sector, según la referencia brindada durante la entrevista, ronda actualmente $1,3 millones. La jornada habitual es de ocho horas y, dependiendo del establecimiento y de las necesidades productivas, pueden existir tareas durante los sábados.
Para el dirigente, la particularidad del trabajo en la industria frigorífica hace que la capacitación y la experiencia sean factores centrales: no se trata de una actividad en la que pueda reemplazarse rápidamente a un trabajador especializado.
Críticas a la reforma laboral
Gélvez también se refirió a los cambios laborales impulsados por el Gobierno de Javier Milei y cuestionó que algunas modificaciones hayan sido diseñadas sin suficiente participación de los distintos sectores productivos.
Puso como ejemplo el denominado banco de horas y consideró que determinadas herramientas pueden terminar perjudicando tanto a trabajadores como a empresas si no son discutidas previamente entre las partes.
“Para hacer una reforma tenés que consultar a las dos partes”, planteó. A su criterio, algunas medidas fueron pensadas con una mirada excesivamente concentrada en sectores empresariales de gran escala, sin contemplar suficientemente la realidad de las economías regionales y de las pequeñas y medianas empresas.
También cuestionó la eliminación o reducción de determinadas multas laborales. Según su interpretación, quitar sanciones no necesariamente resuelve los problemas estructurales que enfrentan las empresas.
“La micro no está funcionando”
Hacia el final de la entrevista, Gélvez amplió su mirada sobre la situación económica y cuestionó el contraste entre los indicadores macroeconómicos y lo que sucede en los hogares y en las pequeñas empresas.
El dirigente sostuvo que existe una fuerte distancia entre los discursos sobre la evolución de la macroeconomía y la realidad cotidiana de trabajadores y empresarios.
“¿Para qué sirve la macro si la micro no anda?”, planteó. Su diagnóstico apunta a una cuestión central: si la economía no consigue recuperar el empleo, los salarios y el consumo interno, la mejora de determinados indicadores macroeconómicos no necesariamente se traduce en mejores condiciones de vida.
Una crisis que atraviesa toda la cadena
La entrevista dejó expuesto un escenario complejo para el sector de la carne en la región: menos consumo interno, dificultades para sostener la producción, aumento de los costos energéticos, ausencia de nuevas contrataciones, trabajo no registrado en parte del comercio y trabajadores cada vez más endeudados.
Para Gélvez, la salida no pasa exclusivamente por aumentar las exportaciones. La recuperación de la actividad necesita también reconstruir el mercado interno.
Porque detrás de cada frigorífico hay trabajadores, detrás de cada carnicería hay puestos de trabajo y detrás de cada kilo de carne que deja de venderse existe una familia que decidió reemplazarlo o directamente dejar de comprarlo.
Y en un país históricamente asociado al consumo de carne vacuna, que un trabajador tenga que elegir entre hacer un asado o pagar otro gasto esencial aparece como uno de los síntomas más visibles del deterioro del poder adquisitivo.