Gremiales | 12 de septiembre
Trabajadores de la CNEA alertan por un ajuste que amenaza proyectos nucleares estratégicos
Trabajadores del Centro Atómico Bariloche (CAB), dependiente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), realizarán este jueves una actividad de visibilización en el acceso a INTECNUS para advertir sobre la situación que atraviesa el organismo y reclamar definiciones respecto del futuro de la política científica y tecnológica nuclear argentina.
La volanteada se desarrollará entre las 8 y las 9 de la mañana y tendrá como eje la defensa del empleo, la salud pública, la investigación científica y la soberanía tecnológica. Los trabajadores también buscarán interpelar a la comunidad de Bariloche y a los candidatos y candidatas a convencionales constituyentes para que incorporen en el debate público la situación del polo científico-tecnológico de la ciudad.
“Bariloche no puede discutir su futuro ignorando al polo científico-tecnológico local”, plantearon los trabajadores al convocar a la jornada.
Advierten por el impacto del ajuste
Los trabajadores sostienen que las políticas de ajuste implementadas sobre el área están deteriorando capacidades que fueron construidas durante décadas y que consideran estratégicas para el país.
Uno de los principales cuestionamientos apunta al financiamiento de la CNEA. Según los datos difundidos por los trabajadores, el presupuesto real del organismo durante 2026 representa una caída del 58% respecto del ejecutado en 2023.
A esto se suma, según denunciaron, una reducción de la dotación de personal. Actualmente, afirman, la CNEA cuenta con menos del 75% de los trabajadores que consideran necesarios para garantizar el normal funcionamiento de sus actividades.
La situación se agravó a fines de junio, cuando las autoridades dispusieron el despido de 60 trabajadores. Posteriormente se habilitó un esquema de retiros voluntarios cuya fecha límite de adhesión está prevista para fines de septiembre.
Para los trabajadores, la salida de cada especialista implica mucho más que una reducción de la plantilla.
“Cada trabajador que se va representa experiencia, formación y años de trabajo en proyectos estratégicos”, señalaron, sintetizando el reclamo bajo una consigna: “En la CNEA no sobra nadie”.
La preocupación por el futuro del RA-10
Otro de los puntos que encendió las alarmas es el futuro del RA-10, uno de los principales proyectos vinculados al desarrollo nuclear argentino.
La iniciativa fue impulsada durante años con inversión y conocimiento público y contempla la producción de molibdeno-99, un radioisótopo fundamental para distintas aplicaciones de medicina nuclear.
El proyecto también apunta a abastecer al sistema sanitario argentino, generar excedentes destinados a la exportación y producir silicio dopado utilizado en semiconductores de alta potencia.
La preocupación de los trabajadores surgió luego del anuncio realizado por el Gobierno nacional el 4 de septiembre respecto de la incorporación de capital privado para avanzar en actividades relacionadas con el reactor.
Desde el CAB cuestionaron que una iniciativa desarrollada durante años con recursos públicos pueda quedar subordinada a intereses privados.
“Lo que financió el pueblo debe estar al servicio del pueblo”, sostuvieron.
CAREM y Pilcaniyeu, otros focos de preocupación
El reclamo también alcanza al CAREM, el proyecto argentino de reactor modular cuya construcción permanece paralizada desde comienzos de 2025.
Los trabajadores reclamaron precisiones sobre el futuro de la iniciativa y cuestionaron que un desarrollo tecnológico considerado estratégico permanezca sin avances concretos.
La misma preocupación trasladaron al Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, donde se mantienen capacidades relacionadas con el desarrollo de combustibles nucleares destinados a usos pacíficos.
Para los trabajadores, tanto el RA-10 como el CAREM y Pilcaniyeu forman parte de una estructura científica y tecnológica que el Estado argentino construyó durante décadas y que, sostienen, no debería ser desfinanciada ni quedar condicionada por intereses privados.
Ciencia, salud y soberanía
Durante la convocatoria, los trabajadores también pusieron en valor el impacto que tienen las instituciones científico-tecnológicas vinculadas al CAB sobre la comunidad.
En ese sentido, destacaron la actividad de INTECNUS, que —según los datos difundidos— realizó más de 500 mil prestaciones y atendió a más de 1.800 pacientes que requirieron tratamientos de radioterapia.
También remarcaron el papel de INVAP en el desarrollo de tecnología de alta complejidad que actualmente se exporta a distintos países.
La intención es mostrar que detrás de las estructuras estatales existen capacidades concretas que tienen impacto en la salud, la industria, la investigación, el empleo calificado y la generación de tecnología.
Reclamo a las autoridades de la CNEA
Los trabajadores también reclamaron respuestas de las máximas autoridades del organismo.
En particular, pidieron explicaciones públicas al vicepresidente de la CNEA, Gustavo Gennuso, y señalaron que todavía aguardan una respuesta a un pedido de reunión presentado por los propios trabajadores.
Además, atribuyeron responsabilidad política por el rumbo adoptado por la Comisión al secretario de Asuntos Nucleares de la Nación, Federico Ramos Nápoli; al presidente de la CNEA, Martín Porro; al vicepresidente Gennuso y a otros funcionarios de la estructura jerárquica.
El conflicto, de este modo, excede un reclamo salarial o laboral y se instala en una discusión más amplia: qué lugar ocupará el Estado en el desarrollo científico y tecnológico argentino y qué ocurrirá con proyectos considerados estratégicos.
“La CNEA es futuro”
Al cerrar la convocatoria, los trabajadores reivindicaron el carácter estratégico de la Comisión Nacional de Energía Atómica y rechazaron cualquier política que, según su interpretación, implique reducir sus capacidades.
“La CNEA es conocimiento, trabajo, ciencia, tecnología, salud, soberanía y futuro”, expresaron.
Y marcaron con claridad el eje de su protesta: “No aceptamos su vaciamiento ni su reducción a la mínima expresión”.
La jornada en Bariloche buscará así poner en el centro de la discusión pública el futuro de la política nuclear argentina, en medio de un escenario de reducción presupuestaria, pérdida de trabajadores y debate sobre la participación del capital privado en proyectos que durante años fueron desarrollados con recursos del Estado.