Gremiales | 12 de junio
Sin patrones y con la fábrica en marcha: trabajadores del frigorífico Euro resisten al cierre y buscan garantizar su futuro
Lo que comenzó como una medida desesperada para defender los puestos de trabajo terminó convirtiéndose en una experiencia de autogestión que recuerda a las fábricas recuperadas que surgieron tras la crisis de 2001. En Villa Gobernador Gálvez, un grupo de trabajadores del frigorífico Euro decidió no resignarse al cierre de la planta y, después de meses de incertidumbre, volvió a poner parte de la producción en funcionamiento.
La historia comenzó hace siete meses, cuando los propietarios del establecimiento dejaron de operar la empresa y abandonaron la actividad. Frente a la pérdida de sus fuentes laborales, varios empleados optaron por permanecer dentro del predio para resguardar las instalaciones y evitar el deterioro de una planta que durante años formó parte de la actividad frigorífica de la región.
Con el paso de los meses, la situación se volvió aún más compleja. Muchas familias quedaron sin ingresos y algunas ya no pudieron afrontar los costos de alquiler de sus viviendas. Actualmente, alrededor de quince familias permanecen en el establecimiento, transformando la defensa de los puestos de trabajo en una lucha que también involucra la necesidad de contar con un techo.
Lejos de limitarse a sostener una ocupación, los trabajadores decidieron avanzar un paso más. Organizados junto a referentes gremiales, retomaron tareas vinculadas al procesamiento de tripas y menudencias destinadas a la elaboración de embutidos, utilizando la infraestructura existente y la experiencia acumulada durante años de trabajo en la planta.
La iniciativa comenzó con un reducido grupo de operarios, pero rápidamente fue sumando adhesiones. Hoy son cerca de treinta los trabajadores que participan de las tareas productivas, convencidos de que la continuidad de la actividad es la mejor demostración de que el establecimiento sigue siendo viable.
Uno de los factores que permitió esta reactivación fue el acompañamiento de empresarios de la zona que acercaron materia prima para procesar, generando así una oportunidad para volver a producir y generar recursos. Esa colaboración permitió recuperar parte del movimiento que caracterizaba a la planta antes de su paralización.
Mientras sostienen la producción, los trabajadores exploran distintos caminos para asegurar la continuidad del proyecto. Por un lado, mantienen expectativas sobre posibles inversores interesados en hacerse cargo de la empresa o asociarse para reactivar plenamente la actividad. Paralelamente, avanzan en el análisis de una alternativa cooperativa que les permita administrar la planta de manera colectiva.
La experiencia despierta interés dentro del sector frigorífico y del movimiento sindical, especialmente en un contexto marcado por dificultades económicas, cierres de establecimientos y pérdida de empleos industriales. Para quienes impulsan la iniciativa, el caso demuestra que existen posibilidades de preservar unidades productivas cuando hay voluntad de trabajo y organización.
En las instalaciones de Euro, la rutina cotidiana combina tareas productivas, reuniones organizativas y la convivencia de las familias que permanecen en el lugar. El objetivo es claro: evitar que la fábrica cierre definitivamente y recuperar una fuente laboral que durante años sostuvo a decenas de hogares de la región.
Mientras esperan definiciones sobre el futuro de la empresa, los trabajadores continúan apostando por la producción como herramienta de resistencia. La consigna que se repite entre los operarios resume el espíritu de la experiencia: mantener viva la fábrica para preservar el trabajo y construir una salida colectiva frente a la crisis.
