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Gremiales | 01 de junio

Alberto Patiño desafía a Roberto Fernández y profundiza la crisis interna en la UTA

La Unión Tranviarios Automotor (UTA) vuelve a quedar atravesada por una disputa de poder que amenaza con profundizar las fracturas internas de uno de los gremios más importantes del transporte argentino. Alberto Patiño, actual secretario de Organización del sindicato, confirmó su intención de competir por la conducción nacional y disputarle el liderazgo a Roberto Fernández en las elecciones que definirán las autoridades para el período 2027-2031.

La decisión abre un nuevo capítulo en una organización sindical que arrastra años de conflictos internos, pérdida de representatividad y crecientes cuestionamientos de sectores de base por la estrategia adoptada por la conducción nacional frente al deterioro salarial y las condiciones laborales de los choferes.

Patiño, con fuerte inserción entre delegados y comisiones internas de distintas regiones del país, logró consolidar apoyos dentro de los sectores más combativos del sindicalismo y estrechó vínculos con organizaciones nucleadas en el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU). Su figura ganó visibilidad en los últimos meses a partir de una agenda más confrontativa frente a las empresas y el Gobierno, en contraste con el perfil dialoguista que caracteriza a Fernández.

La eventual candidatura surge en un contexto complejo para el histórico dirigente, que conduce la UTA desde 2008 y enfrenta cuestionamientos internos por el rumbo del gremio. Entre las críticas más recurrentes aparecen la pérdida de influencia sobre sectores estratégicos de la actividad y la ausencia de medidas de fuerza contundentes frente al deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores.

Uno de los episodios que marcó el desgaste de la conducción fue la pérdida de protagonismo en el subterráneo porteño, donde la representación efectiva de los trabajadores quedó en manos de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), cuyos conflictos y negociaciones terminaron condicionando la dinámica de las discusiones salariales en el sector.

A ello se sumó la ruptura con Miguel Ángel Bustinduy, exsecretario de Organización de la UTA, una interna que derivó en la creación de un espacio sindical alternativo vinculado a delegados de las empresas del Grupo DOTA. Esa fractura redujo significativamente la capacidad de influencia de la conducción nacional sobre una parte importante del transporte automotor del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Ahora, la irrupción de Patiño amenaza con abrir un nuevo frente de conflicto interno. Según dirigentes cercanos al sector opositor, existe un creciente malestar entre delegados y trabajadores que consideran insuficiente la respuesta de la conducción frente a la crisis que atraviesa la actividad.

En paralelo, distintos referentes sindicales señalan que Fernández inició contactos con dirigentes de otras organizaciones para evitar que los sectores disidentes consoliden una estructura electoral capaz de disputar el control del gremio. Desde la oposición interpretan esos movimientos como un intento de aislar a quienes cuestionan la actual conducción.

Con un escenario todavía abierto y condicionado por las reglas estatutarias de la organización, la disputa comienza a perfilarse como una de las más relevantes del sindicalismo argentino para los próximos meses. Lo que está en juego no es solamente la conducción de la UTA, sino también el modelo sindical que representará a miles de choferes en una actividad atravesada por conflictos salariales, transformaciones tecnológicas y cambios estructurales en el sistema de transporte.

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