Gremiales | 19 de marzo
Sadesa extiende su crisis hasta mayo y crece la incertidumbre entre más de 500 trabajadores
La curtiembre Sadesa, perteneciente a la familia del empresario Marcos Galperin, decidió prorrogar el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) hasta el mes de mayo, en un contexto de fuerte retracción del sector del cuero. La medida, que implica un esquema salarial reducido y compromisos temporales de estabilidad, mantiene en alerta a más de 500 operarios ante un escenario de posibles despidos y suspensiones.
El acuerdo fue renovado a comienzos de marzo ante la Secretaría de Trabajo de la Nación y establece que, durante su vigencia, la empresa no avanzará con cesantías ni suspensiones. Sin embargo, ese compromiso está atado a un esquema excepcional que apunta a reducir costos laborales en medio de la caída de la actividad.
En ese marco, los trabajadores pasaron de cobrar un salario completamente no remunerativo a un sistema mixto: actualmente, el 70% de sus ingresos se liquida bajo modalidad no remunerativa, mientras que el 30% restante incluye aportes. Aunque la medida representa un alivio financiero para la firma, impacta de manera directa en los ingresos y contribuciones sociales de los empleados.
El panorama a corto plazo, no obstante, es incierto. Una vez finalizado el PPC, la empresa evalúa avanzar con un ajuste que incluiría el despido de al menos 100 trabajadores y la suspensión de otros 200, en el marco de un proceso de reestructuración. Además, el propio procedimiento habilita el pago de indemnizaciones reducidas, lo que incrementa la preocupación en las plantas.
A este escenario se suma la posibilidad de una relocalización productiva. Según trascendió, Sadesa analiza trasladar parte de sus operaciones a países como Tailandia o Vietnam, donde los costos laborales son más bajos, lo que podría profundizar el impacto sobre el empleo local.
Uno de los puntos más críticos se registra en la planta de Esperanza, en la provincia de Santa Fe, donde la actividad de la curtiembre tiene un fuerte peso en la economía regional. Allí, la incertidumbre crece en paralelo al deterioro del sector, que pasó de facturar cerca de 1.000 millones de dólares en 2012 a apenas unos 100 millones en la actualidad.
Con este escenario, la continuidad de la actividad y la preservación de los puestos de trabajo quedan sujetas a la evolución de la crisis, en un sector que atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas.
