Miércoles 12 de Agosto de 2026

Obras sociales | 12 de agosto

PERETTA, EL BUFÓN DE LOS EMPLEADORES: UN LIBERAL DISFRAZADO DE SINDICALISTA

ass="PDq2pG_selectionAnchorContainer" data-section-id="10aaanv" data-start="335" data-end="620">Se define peronista, liberal, sindicalista y candidato. Defiende la flexibilización, cuestiona el sistema gremial y sueña con gobernar la Ciudad. Marcelo Peretta logró lo que parecía imposible: representar simultáneamente al trabajador, al empleador y a su propia campaña electoral.

Marcelo Peretta, secretario general del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), encontró una fórmula política que desafía las leyes de la lógica: ser sindicalista liberal.

No se trata de una acusación. Así se presenta él mismo. En sus redes se define como “neosindicalista, liberal y peronista”, una combinación que parece preparada por un laboratorio clandestino después de mezclar a Juan Domingo Perón, Javier Milei y un gerente de Recursos Humanos dentro del mismo tubo de ensayo.

El resultado es Peretta: un dirigente gremial que habla de los trabajadores, pero frecuentemente lo hace con el vocabulario, las prioridades y el entusiasmo de quien está evaluando cómo reducirles el costo laboral.

Mientras el sindicalismo nació para limitar el poder del empleador, Peretta parece haber descubierto una misión superadora: explicarle al trabajador por qué debería comprenderlo.

El bufón que entretiene a los empleadores

Peretta sostiene que no existe contradicción entre liberalismo y sindicalismo. Incluso le respondió públicamente al abogado laboralista Leonardo Belastegui que “no hay un conflicto de intereses” entre ambas ideas y que el liberalismo propone un Estado “chico, pero fuerte”.

La pregunta que todavía falta responder es fuerte para quién.

Porque un sindicato no es una consultora empresarial, una fundación liberal ni una agencia de colocación electoral. Es una organización creada para defender a los trabajadores frente a una relación estructuralmente desigual.

Pero Peretta prefiere presentarse como el sindicalista razonable, moderno y dialoguista: el dirigente que llega a la mesa empresarial, se acomoda la corbata y tranquiliza a todos diciendo que los empleados finalmente comprendieron la importancia de aumentar la productividad.

Es una suerte de bufón de los empleadores: critica al patrón lo suficiente para conservar el carnet gremial, pero elogia la flexibilización lo necesario para que no le retiren la silla de la mesa.

El mileísmo le tomó el cerebro, aunque ahora critique a Milei

Peretta afirma que Milei no es un verdadero liberal, sino un representante del poder empresarial y financiero. También enfrenta a Federico Sturzenegger por la desregulación de medicamentos, la venta fuera de farmacias y el avance de Mercado Libre.

Hasta ahí, podría parecer un dirigente sindical enfrentado al Gobierno. El problema aparece cuando comienza a explicar su propio pensamiento.

En noviembre de 2025 consideró que el banco de horas podía representar una “ventaja”, defendió la incorporación de premios por productividad y aseguró que el sistema vigente “estimula a pasar el tiempo nada más para llegar a fin de mes y cobrar”.

La frase podría haber salido de una reunión de gerentes organizada para decidir cómo pagar menos horas extras. Pero salió de la boca de un secretario general.

Peretta no necesita militar formalmente en La Libertad Avanza. Las ideas mileístas ya le ocuparon una parte considerable del cerebro: meritocracia, productividad, flexibilización, reducción de estructuras colectivas y sospecha permanente sobre los derechos laborales.

Después discute con Milei porque, según él, el Presidente no sería suficientemente liberal o habría traicionado al liberalismo productivo. Es decir, no cuestiona necesariamente el veneno: discute la marca del laboratorio que lo fabrica.

Un sindicato “privado”, como si los demás cotizaran en Bolsa

En su respuesta a Belastegui, Peretta destacó que conduce un “sindicato privado”.

La definición es otra extraordinaria contribución a las ciencias sociales. Nadie sabe exactamente qué quiso diferenciar, salvo que imagine sindicatos públicos, estatales, municipales, de gestión mixta o con entrega a domicilio.

La organización sindical es una entidad de trabajadores, autónoma respecto del Estado y los empleadores. Pero Peretta utiliza la palabra “privado” como una medalla ideológica, quizás porque decir simplemente “sindicato” le provoca un sarpullido doctrinario.

También afirma que el sindicalismo argentino hace tan mal las cosas que existen ocho millones de trabajadores informales. Una explicación cómoda porque permite responsabilizar a los gremios por la informalidad, mientras los empleadores que contratan en negro contemplan la escena conmovidos por semejante gesto de absolución.

Para Peretta, al parecer, el trabajador no registrado apareció espontáneamente, como un hongo después de la lluvia, y no porque una empresa decidió evadir aportes, cargas sociales, convenio colectivo y estabilidad.

Del sindicato a la candidatura, sin escalas

Peretta ya confirmó que buscará competir por la Jefatura de Gobierno porteño en 2027 mediante su Movimiento Plural. Promete representar a los “auténticos liberales” y propone “menos bancos y más empresas”.

La consigna suena bien hasta que alguien pregunta qué clase de empresas, con qué salarios, bajo qué convenios y con cuántos trabajadores registrados.

Su reciente paritaria para profesionales farmacéuticos exhibe salarios elevados y constituye un dato concreto a su favor. Pero una buena negociación salarial no resuelve la contradicción política de fondo: conducir una organización colectiva mientras se promocionan ideas que debilitan la acción colectiva.

Firmar una paritaria no convierte automáticamente a nadie en defensor integral del movimiento obrero, del mismo modo que vender una aspirina no convierte a una farmacia en terapia intensiva.

El representante de sí mismo

Peretta quiere ser demasiadas cosas al mismo tiempo: farmacéutico, sindicalista, liberal, peronista, reformador gremial, adversario de Milei, defensor del verdadero liberalismo y candidato porteño.

En esa acumulación de etiquetas, el único interrogante es dónde quedaron los trabajadores.

Tal vez su verdadera innovación sea haber creado el sindicalismo sin conflicto, sin antagonismo y sin empleadores responsables. Un sindicalismo simpático, perfumado y apto para cámaras empresariales: protesta sin molestar, negocia sin tensionar y moderniza siempre los derechos ajenos.

Marcelo Peretta no parece el dirigente de un sindicato liberal. Parece algo más sencillo: un liberal que utiliza un sindicato como escenario político.

 

Y mientras sueña con gobernar la Ciudad, continúa practicando su número preferido: hacer equilibrio entre trabajadores y empleadores, aunque cada vez que tambalea termine cayendo para el mismo lado.

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