Miércoles 25 de Marzo de 2026

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Remonetización en pausa: el Gobierno apuesta a reactivar sin soltar la inflación

A días de cerrar el primer trimestre de 2026, uno de los pilares del programa económico oficial todavía no logra despegar: la remonetización. Se trata de una pieza central de la llamada “Fase 4” del esquema monetario, pensada para que vuelva a crecer la cantidad de dinero en circulación y, con ello, el consumo y la actividad. Sin embargo, ese proceso sigue demorado.

El mercado comienza a mirar a abril como el punto de partida para un cambio de tendencia. Hasta ahora, la política económica se mantuvo con un sesgo claramente restrictivo, priorizando la desaceleración inflacionaria por sobre la expansión del dinero disponible.

Más dólares, pero sin más pesos

En lo que va del año, el Banco Central acumuló compras de divisas por unos USD 3.300 millones. En condiciones normales, esa adquisición implicaría inyectar pesos en la economía. Pero no ocurrió: buena parte de esos fondos fue absorbida posteriormente a través de colocaciones de deuda del Tesoro.

El resultado es un fenómeno claro: aunque nominalmente la base monetaria crece, en términos reales —es decir, ajustada por inflación— sigue reduciéndose. De hecho, en febrero se registró una caída cercana al 1%, lo que revirtió el leve repunte de enero.

Actualmente, la base monetaria ronda los $39,5 billones, un nivel que luce elevado en cifras absolutas pero que continúa siendo bajo en relación al tamaño de la economía.

Equilibrio delicado

La estrategia oficial apunta a un objetivo complejo: aumentar gradualmente la cantidad de dinero sin generar una presión adicional sobre los precios. En ese marco, la contracción real funciona como ancla para consolidar la desinflación, aunque a costa de enfriar la actividad.

Algunos analistas detectaron en los últimos días señales incipientes de cambio. Parte de los pesos emitidos para comprar dólares no habría sido esterilizada, lo que podría marcar el inicio —aún tímido— de la remonetización.

Inflación, la variable clave

El margen para avanzar con una mayor expansión monetaria dependerá, en gran medida, de la evolución de la inflación. Marzo podría mostrar un dato incómodo, incluso por encima del 3%, lo que mantendría la cautela oficial.

Sin embargo, las proyecciones apuntan a una desaceleración desde abril, con registros por debajo del 2,5%. En ese escenario, el Gobierno tendría más espacio para permitir que crezca la cantidad de dinero sin poner en riesgo la estabilidad de precios.

Algunos indicadores del sistema financiero refuerzan esa posibilidad: las tasas de interés de corto plazo se ubican apenas por encima del 20%, los bancos comenzaron a recortar rendimientos de plazos fijos por exceso de liquidez y el tipo de cambio se mantiene estable, con el dólar mayorista por debajo de los $1.400.

Lo que viene

En el corto plazo, el escenario más probable es una combinación de políticas: el Banco Central seguiría comprando divisas para fortalecer reservas, mientras habilita una expansión monetaria moderada, siempre y cuando la inflación confirme una tendencia descendente.

 

Por ahora, el arranque del año muestra continuidad en la prudencia oficial: emisión contenida, absorción de pesos y foco en estabilizar la macro. La reactivación, en consecuencia, sigue atada a un factor decisivo: que la remonetización finalmente deje de ser una promesa y se convierta en un motor real de la economía.

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