Martes 24 de Marzo de 2026

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Más de la mitad de los hogares se endeuda para sobrevivir y crecen las dificultades de pago

Un informe privado revela que el crédito dejó de ser una herramienta financiera y pasó a cubrir gastos básicos. La mayoría de las familias no logra llegar a fin de mes con sus ingresos.

La situación económica de los hogares argentinos muestra un deterioro sostenido. En los últimos seis meses, el 56,4% de las familias tuvo que recurrir al endeudamiento para afrontar gastos esenciales como alimentos, servicios, alquileres y tarjetas, según un relevamiento privado.

El dato refleja un cambio profundo en el uso del crédito. Lejos de destinarse a inversiones o consumos planificados, hoy se utiliza principalmente para cubrir necesidades cotidianas. Dentro de ese universo, casi 9 de cada 10 hogares ya enfrenta problemas para cumplir con los pagos, lo que evidencia un escenario de creciente fragilidad financiera.

El trasfondo es la pérdida del poder adquisitivo. Más del 83% de la población asegura que sus ingresos no logran acompañar el ritmo de la inflación, mientras que más de la mitad reconoce que no llega al día 20 de cada mes sin quedarse sin dinero.

De herramienta financiera a mecanismo de subsistencia

El endeudamiento actual se concentra en gastos corrientes, el pago de tarjetas y la cancelación de otras deudas, lo que genera un circuito difícil de romper. En este contexto, el crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la situación económica y pasó a convertirse en un recurso para sostener el consumo básico.

El proceso se repite con una lógica cada vez más extendida: primero cae el poder de compra, luego se dificulta sostener el nivel de consumo, después aparece el endeudamiento como salida transitoria y, finalmente, crecen las dificultades para afrontar esas obligaciones.

Este esquema no solo compromete la economía de los hogares, sino que también aumenta los niveles de morosidad y profundiza la vulnerabilidad social.

Brecha entre estadísticas y realidad cotidiana

El informe también pone el foco en la percepción social sobre la inflación. Un 65,8% de los consultados considera que los datos oficiales no reflejan el verdadero impacto de los aumentos en su vida diaria.

La diferencia entre los indicadores macroeconómicos y la experiencia concreta de los hogares alimenta la desconfianza y refuerza la sensación de deterioro económico. Para muchas familias, la evolución de los precios se percibe más acelerada que lo que muestran las estadísticas.

En ese marco, el debate sobre la medición de la inflación vuelve a cobrar relevancia, atravesado por cuestionamientos sobre la representatividad de las canastas de consumo y la transparencia de los datos.

 

El panorama general deja en evidencia una economía doméstica cada vez más ajustada, donde el endeudamiento se consolida como una herramienta de supervivencia y no como una opción de crecimiento.

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