Miércoles 5 de Agosto de 2026

Gremiales | 05 de agosto

Alerta por la situación de los jóvenes: casi la mitad vive en condiciones de vulnerabilidad y crece el fenómeno de quienes ya ni buscan trabajo

Una investigación de la Universidad de Buenos Aires revela que el 48,9% de los argentinos de entre 18 y 29 años enfrenta algún grado de vulnerabilidad social. El estudio advierte sobre el crecimiento de los jóvenes que no estudian, no trabajan ni buscan empleo, además del avance de la informalidad laboral y el deterioro de la salud mental.

La realidad de los jóvenes argentinos atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que casi uno de cada dos jóvenes de entre 18 y 29 años vive en situación de vulnerabilidad social, en un escenario atravesado por la precarización del empleo, las dificultades para acceder a la educación y la creciente incertidumbre sobre el futuro.

La investigación, desarrollada por especialistas del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA), se basó en más de mil encuestas realizadas en todo el país entre diciembre de 2025 y enero de 2026 y pone el foco en las dificultades estructurales que enfrenta una generación con escasas oportunidades de inserción social y laboral.

Crece el grupo de jóvenes que abandonó la búsqueda de empleo

Uno de los datos más preocupantes del informe es la consolidación del fenómeno conocido como "Triple Ni", integrado por jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo.

Los investigadores advierten que este grupo representa aproximadamente un tercio de los jóvenes vulnerables y refleja una situación de fuerte desconexión con las principales instituciones de integración social, como el sistema educativo y el mercado laboral.

El director de la investigación, Juan Cruz Esquivel, sostuvo que este sector enfrenta un proceso de aislamiento cada vez más profundo, caracterizado por la pérdida de vínculos sociales y de expectativas de inserción.

En ese sentido, el trabajo señala que, entre los jóvenes desocupados, apenas cuatro de cada diez continúan buscando empleo de manera activa, mientras que el resto abandonó esa búsqueda ante la falta de oportunidades.

Trabajo precario e informal

Aunque siete de cada diez jóvenes vulnerables realizan alguna actividad laboral, el estudio aclara que la mayoría se desempeña en condiciones de informalidad.

Las ocupaciones se concentran principalmente en el comercio, la construcción y las tareas de cuidado, sectores caracterizados por bajos salarios, escasa estabilidad y limitada protección laboral.

De acuerdo con el informe, menos de dos de cada diez trabajadores jóvenes cuentan con un empleo registrado o parcialmente formalizado, una realidad que también repercute en el acceso a derechos básicos.

Como consecuencia de esa precariedad, el 78% carece de cobertura médica por obra social o medicina prepaga, dependiendo exclusivamente del sistema público de salud para recibir atención.

La educación sigue siendo una deuda pendiente

Otro de los aspectos que expone el relevamiento es la fuerte desvinculación educativa.

Seis de cada diez jóvenes en situación de vulnerabilidad no finalizaron el nivel secundario, mientras que solo una pequeña proporción logró acceder a estudios terciarios o universitarios.

Los investigadores sostienen que abandonar tempranamente la escuela condiciona las posibilidades de acceder a empleos de calidad y perpetúa trayectorias laborales marcadas por la informalidad y los bajos ingresos.

Pese a ello, la enorme mayoría de los encuestados considera que continuar estudiando mejoraría significativamente sus oportunidades, aunque las dificultades económicas obligan a muchos a priorizar la búsqueda de ingresos antes que la formación académica.

Hogares con ingresos insuficientes

El estudio también describe un escenario de fuerte presión económica dentro de los hogares.

Casi la mitad de los jóvenes vulnerables vive en familias numerosas y el 57% aseguró que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos básicos del mes, una situación que limita cualquier posibilidad de planificación a mediano plazo.

Además, uno de cada cinco jóvenes ya tiene dos o más hijos a cargo, una responsabilidad que condiciona aún más sus posibilidades de continuar estudiando o acceder a mejores oportunidades laborales.

La crisis también impacta en la salud mental

Las dificultades económicas y la incertidumbre sobre el futuro aparecen acompañadas por un importante deterioro del bienestar emocional.

Más de siete de cada diez jóvenes manifestaron sufrir episodios frecuentes de ansiedad o nerviosismo, mientras que la mitad reconoció atravesar sentimientos persistentes de desánimo o depresión.

El informe también identifica problemas relacionados con el descanso y advierte que tres de cada diez jóvenes presentan dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias, una problemática que se profundiza en los contextos de mayor vulnerabilidad.

El empleo y la vivienda, las principales aspiraciones

A pesar del escenario adverso, los jóvenes mantienen expectativas de progreso.

Conseguir un trabajo o mejorar el empleo actual aparece como el principal objetivo para los próximos cinco años, seguido por la posibilidad de acceder a una vivienda propia.

En cambio, formar una familia dejó de ocupar un lugar prioritario dentro de los proyectos de vida de este sector.

Para los investigadores, el principal desafío consiste en cerrar la creciente brecha entre las expectativas de los jóvenes y las oportunidades reales que ofrece el contexto económico y social, una distancia que, advierten, continúa ampliándose y amenaza con consolidar nuevas formas de exclusión.

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