Gremiales | 06 de septiembre
Lácteos Verónica puso en venta dos de sus principales plantas y crece la incertidumbre por el futuro de más de 300 trabajadores
La histórica firma santafesina acordó transferir sus establecimientos de Clason y Suardi por US$15,5 millones. La operación todavía necesita autorización judicial y se produce mientras la empresa atraviesa un concurso preventivo, acumula una deuda millonaria y mantiene salarios impagos desde fines de 2025.
La crisis de Lácteos Verónica sumó un nuevo capítulo y volvió a encender las alarmas entre sus trabajadores. La compañía santafesina acordó la transferencia de sus plantas de Clason y Suardi por un total de 15,5 millones de dólares, aunque la operación todavía debe ser analizada y autorizada por la Justicia en el marco del concurso preventivo de acreedores.
Los acuerdos fueron firmados el 2 de julio con Lacterra S.A.S., por el establecimiento de Clason, y Copalac S.A.S., por la planta de Suardi. La venta de los activos se da mientras la empresa intenta atravesar una profunda crisis financiera que arrastra desde hace más de un año y que terminó comprometiendo su capacidad para sostener tanto la producción como los puestos de trabajo.
Una empresa con un pasivo millonario
La dimensión del problema quedó expuesta en la documentación presentada ante la Justicia. Lácteos Verónica declaró un pasivo de $118.496 millones, además de un patrimonio neto negativo de aproximadamente $9.262 millones al cierre de junio.
A esto se suman más de 2.900 cheques rechazados, por un monto superior a los $11.200 millones, y una deuda bancaria cercana a los $4.745 millones, con el Banco Galicia entre sus principales acreedores.
El escenario también alcanza a los productores tamberos. Unos 150 proveedores de leche reclaman, según las denuncias incorporadas al conflicto, una deuda que rondaría los 60 millones de dólares por materia prima entregada y no cobrada.
La compañía atribuyó parte de sus dificultades al retroceso del consumo, el encarecimiento del financiamiento y la falta de capital de trabajo.
Plantas que cambian de manos y trabajadores en alerta
Uno de los puntos que genera mayor preocupación entre los empleados es el esquema bajo el cual se concretarían las operaciones.
Las sociedades que aparecen como compradoras fueron creadas poco antes de la firma de los contratos: Lacterra fue constituida el 19 de junio y Copalac el 11 de junio. Los acuerdos contemplan mecanismos de producción a fasón, mediante los cuales las nuevas sociedades aportarían la materia prima y conservarían la propiedad de los productos elaborados, mientras Verónica recibiría un canon por el procesamiento.
En Suardi, ese mecanismo ya comenzó a probarse. La planta funciona bajo esta modalidad desde hace unas semanas, pero con una dotación muy inferior a la histórica: actualmente trabajan allí entre 12 y 18 personas, frente a los aproximadamente 85 empleados que tenía anteriormente.
Desde ATILRA plantearon que el esquema constituye, por ahora, una salida coyuntural y provisoria, y reclamaron que los propietarios de la empresa den respuestas concretas por los salarios adeudados.
De 700 trabajadores a poco más de 300
La crisis tuvo un impacto directo sobre la estructura laboral de la compañía. La plantilla que en otro momento alcanzó los 700 trabajadores quedó reducida a poco más de 300 empleados.
La distribución actual comprende aproximadamente 140 trabajadores en Clason, 85 en Suardi y 112 en Lehmann, aunque las plantas atraviesan distintos niveles de actividad.
El conflicto salarial es uno de los puntos más graves. Los trabajadores denuncian que no perciben sus haberes desde diciembre de 2025, además de mantener pendientes pagos correspondientes al aguinaldo. También señalan problemas vinculados con la continuidad de la obra social y con los aportes previsionales.
La falta de ingresos llevó a los empleados a realizar protestas, acampes y cortes frente a los establecimientos, en un intento por visibilizar una situación que lleva meses sin una solución definitiva.
Una venta que todavía debe definir la Justicia
La transferencia de las plantas no implica, por ahora, una solución asegurada para los trabajadores. Los contratos quedaron sujetos a la autorización judicial debido al concurso preventivo de acreedores.
Mientras se espera esa definición, permanece abierta la principal incógnita: qué ocurrirá con los puestos de trabajo y con las obligaciones laborales acumuladas por Lácteos Verónica.
Para los trabajadores, la prioridad es garantizar la continuidad laboral y recuperar los salarios adeudados. La venta de los establecimientos puede representar una alternativa para preservar parte de la actividad productiva, pero también genera interrogantes sobre el destino de las dotaciones y las condiciones bajo las cuales continuaría funcionando cada planta.
Así, una empresa histórica de la industria láctea santafesina enfrenta uno de sus momentos más críticos, con activos en proceso de transferencia, una deuda de enorme magnitud y cientos de trabajadores que llevan meses esperando cobrar por el trabajo realizado.