Gremiales | 21 de enero
Lácteos Verónica detuvo totalmente su producción y pone en riesgo 700 empleos en Santa Fe
La crisis de Lácteos Verónica se profundizó en los últimos días con la paralización total de sus tres plantas industriales ubicadas en la provincia de Santa Fe, una situación que dejó en suspenso cerca de 700 puestos de trabajo y encendió las alarmas en toda la cadena láctea.
Las fábricas de Clason, Lehmann y Suardi se encuentran completamente detenidas luego de que la empresa incumpliera de manera reiterada con el pago de salarios. Según denunciaron los trabajadores, los haberes fueron abonados de forma parcial o directamente no se acreditaron, lo que derivó en retenciones de tareas y en la interrupción total de la actividad productiva.
El conflicto se agravó a comienzos de enero, cuando quedó sin efecto el acuerdo que preveía depósitos semanales cercanos al millón de pesos por empleado para saldar deudas acumuladas. Desde entonces, la situación financiera de la compañía se deterioró aún más y no hubo avances en una solución concreta.
A este escenario se suma un problema clave: la falta de materia prima. La empresa no cuenta actualmente con leche cruda para procesar, a pesar de tener una capacidad instalada que supera los 300.000 litros diarios, lo que vuelve inviable cualquier intento de reactivación inmediata.
Los números financieros reflejan la magnitud de la crisis. De acuerdo con registros del Banco Central, Lácteos Verónica acumula cheques rechazados por más de 10.900 millones de pesos. En paralelo, la deuda con productores tamberos ronda los 60 millones de dólares, de los cuales entre 18 y 20 millones corresponden a leche entregada y nunca abonada. Más de 150 tambos, además de transportistas y proveedores, se encuentran directamente afectados.
Durante los últimos meses, la empresa logró sostener una actividad mínima a través de trabajos a fasón, principalmente el secado de leche para terceros en la planta de Lehmann. Sin embargo, se trata de un esquema de baja rentabilidad que no garantiza continuidad ni alcanza para regularizar los pagos salariales.
Con la producción completamente detenida, los productos prácticamente ausentes de las góndolas, el transporte de personal interrumpido por deudas impagas y cientos de familias en vilo, el conflicto sigue abierto y sin una salida a la vista, mientras crece la preocupación en el sector por el futuro de la histórica firma láctea.
