Miércoles 21 de Enero de 2026

Gremiales | 21 de enero

Artemis II y la paradoja espacial argentina: celebración oficial mientras se profundiza el ajuste a la ciencia y la educación

El Gobierno nacional celebró esta semana la participación argentina en la misión Artemis II de la NASA, que marcará el regreso de una nave tripulada a la órbita lunar después de más de medio siglo. El anuncio fue difundido como un logro tecnológico de alcance internacional, pero convive con una realidad mucho menos auspiciosa: el sistema científico-tecnológico argentino atraviesa uno de los períodos de mayor ajuste presupuestario, pérdida de personal y paralización de proyectos estratégicos de las últimas décadas.

Según informó la Oficina del Presidente, el microsatélite argentino Atenea viajará como carga secundaria a bordo del cohete Space Launch System (SLS), cuyo lanzamiento está previsto para el 6 de febrero. El proyecto fue desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a la empresa estatal VENG S.A., con la participación del Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y las universidades nacionales de La Plata, San Martín y Buenos Aires. Desde el Ejecutivo destacaron que la selección del satélite responde a los estándares más exigentes de calidad internacional y lo presentaron como una muestra del potencial científico del país.

El contraste aparece al observar el estado actual del sector que hizo posible ese desarrollo. Desde noviembre de 2023, la CONAE y VENG perdieron más del 18% de su personal, gran parte de él altamente especializado. A la sangría de recursos humanos se suma un recorte severo en el Presupuesto 2026, que profundiza el ajuste sobre el programa de investigación y desarrollo de medios de acceso nacional al espacio, una de las áreas estratégicas para la soberanía tecnológica.

Las contradicciones no tardaron en ser señaladas por referentes del ámbito científico. El exministro de Ciencia Roberto Salvarezza cuestionó públicamente el festejo oficial y advirtió que se celebra “un microsatélite que llevará la NASA” mientras permanecen paralizados los proyectos de satélites de observación de la CONAE y los desarrollos de telecomunicaciones de ARSAT-INVAP. En el mismo sentido, alertó sobre la emigración de científicos y definió al actual como “el peor presupuesto en ciencia y tecnología en 50 años”.

El deterioro institucional también se reflejó en la reciente renuncia de Raúl Kulichevsky, director ejecutivo y técnico de la CONAE, luego de dos años sin conformación de un directorio formal y en un contexto de asfixia presupuestaria. Kulichevsky había asumido tras el retiro de Conrado Varotto, una figura clave en la construcción del programa espacial argentino durante más de dos décadas.

De acuerdo con un análisis publicado en septiembre de 2025 por la periodista especializada Nora Bär, la CONAE encabeza el ranking de recortes dentro del sistema científico en el Proyecto de Presupuesto 2026, con una caída del 34,6% respecto del año anterior y un deterioro acumulado cercano al 60% desde 2023. Desde el organismo advierten que la falta de fondos no solo frena nuevos desarrollos, sino que impide ejecutar financiamiento internacional ya aprobado y compromete proyectos clave para la soberanía nacional.

El ajuste no se limita al sector espacial. Las universidades nacionales, que fueron actores centrales en el desarrollo del microsatélite Atenea, también sufren un fuerte recorte. Para 2026 se asignaron $4.785 millones, lo que implica una caída del 7,2% en relación con 2025 y del 34,3% respecto de 2023. Si bien el oficialismo intentó que esos fondos no se actualicen por inflación, la Cámara de Diputados bloqueó esa iniciativa.

La situación es aún más crítica en la educación técnica, considerada históricamente un semillero de técnicos, ingenieros e investigadores. Según el CEPA, el recorte acumulado alcanza el 93% en comparación con 2023. En 2025 solo se ejecutó el 10,8% de lo que establece la ley y, con el nuevo presupuesto aprobado, ni siquiera queda un marco legal claro sobre el cual reclamar.

 

Así, mientras el Gobierno celebra un hito espacial y exhibe al microsatélite Atenea como símbolo del talento argentino, el entramado que sostiene ese conocimiento —la ciencia, las universidades y las escuelas técnicas— enfrenta un ajuste que pone en duda la continuidad de futuros desarrollos. La paradoja es evidente: se festejan los logros del pasado reciente mientras se debilitan las bases que podrían hacer posibles los del mañana.

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