Gremiales | 20 de febrero
¿Quién es Miguel Ángel Bustinduy, el referente que fracturó la UTA y desafía la conducción histórica?
Chofer de colectivos desde hace más de cuatro décadas, Miguel Ángel Bustinduy pasó de ocupar cargos relevantes dentro de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) a convertirse en uno de sus principales opositores. Su ruptura con la conducción que encabeza Roberto Fernández marcó un quiebre interno que todavía impacta en el mapa sindical del transporte.
Bustinduy trabajó en Corrientes y luego en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde se desempeñó como chofer de la línea 28, una de las primeras explotadas por el poderoso Grupo DOTA. Fue electo delegado en 1991 y, cuatro años más tarde, ingresó al Consejo Directivo de la UTA durante la gestión de Juan Manuel Palacios.
En los años noventa participó del Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), espacio sindical crítico del menemismo y de la conducción oficial de la CGT. Dentro de la UTA llegó a ocupar la Secretaría de Organización, un cargo estratégico que le permitió tejer vínculos con delegados de distintas líneas del país.
El intento de disputar la conducción
Convencido de que podía disputar la secretaría general, Bustinduy renunció al Consejo Directivo para competir por la conducción del gremio. Sin embargo, no logró cumplir con los requisitos estatutarios necesarios para encabezar la organización, uno de los puntos que sus seguidores cuestionan por considerarlo restrictivo para la oposición interna.
En abril de 2019 encabezó una medida de fuerza que calificó como “contundente” bajo la agrupación “Juan Manuel Palacios”, en homenaje al exsecretario general. Desde entonces buscó consolidar su armado en el interior del país.
Poco después protagonizó la toma de la sede nacional de la UTA, un episodio que incluyó destrozos y que derivó en una causa judicial que avanza hacia juicio oral. Durante esos hechos, Fernández denunció que debió abandonar su despacho por una salida de emergencia.
Avance territorial y disputa sindical
En elecciones posteriores, el sector de Bustinduy se impuso en seccionales clave como Córdoba, Santa Fe, Jujuy, Santiago del Estero y Mar del Plata. No obstante, la conducción nacional permaneció en manos de Fernández por la estructura estatutaria del sindicato.
Tras esa frustración, Bustinduy impulsó una campaña de desafiliación de la UTA y promovió la afiliación a la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA), donde actualmente se desempeña como secretario general adjunto. Según estimaciones del sector, más de 5.000 afiliados migraron hacia esa organización.
El vínculo con DOTA y la polémica por los paros
Diversas fuentes sindicales señalan que el Grupo DOTA respaldó políticamente a Bustinduy en su disputa con la UTA. Desde la conducción de Fernández lo acusan de actuar en sintonía con la empresa y de debilitar las medidas de fuerza convocadas por la central obrera.
En la práctica, su espacio concentra influencia en varias líneas vinculadas al conglomerado empresario, con excepción del histórico cuerpo de delegados de la Línea 60. En ese marco, su decisión de no adherir a ciertos paros generales lo convirtió en una figura polémica dentro del movimiento obrero, al punto de ser señalado como uno de los pocos dirigentes del sector que mantiene servicios durante huelgas nacionales.
La figura de Bustinduy sintetiza una disputa más amplia: la fragmentación interna en el gremio del transporte automotor, la tensión entre conducción tradicional y corrientes opositoras, y el peso de los grandes grupos empresarios en el escenario sindical.
