Gremiales | 09 de abril
La CGT se reúne en medio del malestar social y evalúa un acto con la Iglesia por el Día del Trabajador
En un contexto de creciente tensión social y señales de desgaste económico en distintos sectores productivos, la CGT convocó a su Consejo Directivo para este jueves por la tarde. En la agenda aparece un tema clave: la organización de la conmemoración del Día del Trabajador, con la posibilidad de realizar un acto junto a la Iglesia que, por estas horas, divide posiciones dentro de la central obrera.
La reunión, prevista para las 14.30, incluye entre sus puntos la definición de la modalidad del 1° de mayo, que podría adelantarse al 30 de abril e incorporar una misa como eje central. Entre las alternativas en análisis, vuelve a mencionarse a Luján como escenario posible, replicando experiencias anteriores.
La iniciativa genera debate. Un sector mayoritario dentro de la conducción cegetista respalda la idea de articular con la Iglesia como forma de ampliar la convocatoria y enviar una señal política más transversal. Bajo esta mirada, el objetivo es construir una demostración de fuerza que exceda lo estrictamente sindical e incluya a empresarios, organizaciones civiles y dirigentes políticos.
“Permite salir del encierro propio del sindicalismo y mostrar una construcción social más amplia”, sintetizan desde ese espacio, donde además destacan el impacto que tuvieron en las últimas semanas movilizaciones con fuerte respaldo ciudadano, más allá de las estructuras gremiales.
Sin embargo, no todos coinciden con esa estrategia. Otro grupo de dirigentes plantea reparos y reclama una postura más confrontativa frente al Gobierno. “Si el contexto es adverso, no alcanza con gestos simbólicos”, advierten, al tiempo que proponen avanzar con medidas más directas ante lo que consideran un deterioro sostenido de las condiciones laborales.
El debate interno se da en paralelo a un escenario complejo para gran parte de las actividades representadas en la central obrera. Sectores industriales como el textil, calzado, vidrio y cerámica enfrentan caídas en la producción, cierres de empresas y suspensiones, en un contexto de mayor apertura importadora. A esto se suma la construcción, afectada por la paralización de la obra pública, y el comercio junto a la gastronomía, golpeados por la retracción del consumo.
En el ámbito estatal y educativo, los reclamos también se acumulan. Desde los gremios denuncian pérdidas de poder adquisitivo que rondan el 40%, mientras que en el sector público se contabilizan más de 66.000 desvinculaciones. Incluso, algunas organizaciones alertan sobre una fuerte caída en la cantidad de afiliados, especialmente en ramas como el plástico, el calzado y la cerámica.
En contraste, pocos sectores logran sostener cierta estabilidad, como los vinculados a la actividad bancaria y energética, que aparecen como excepciones dentro de un mapa sindical mayormente afectado.
Pese al malestar creciente, dentro de la CGT también hay lecturas prudentes sobre el escenario político. Algunos dirigentes reconocen un deterioro en la imagen del Gobierno, reflejado en encuestas, pero advierten que aún no se configura un clima de ruptura. “No es un momento para desbordes, sino para construir correlación de fuerzas”, señalan.
Con ese telón de fondo, la central obrera buscará definir en las próximas horas una estrategia que combine visibilidad, capacidad de movilización y articulación política, en un año marcado por la presión económica y el reordenamiento del mapa sindical.
