La pérdida del poder adquisitivo volvió a golpear el bolsillo de los trabajadores y obliga a millones de hogares argentinos a reorganizar sus gastos mensuales. En un escenario atravesado por aumentos de tarifas, alquileres y servicios esenciales, cada vez más familias destinan la mayor parte de sus ingresos a cubrir obligaciones básicas y reducen consumos vinculados a salud, educación y esparcimiento.
Según distintos relevamientos privados, los gastos fijos ya absorben cerca de una cuarta parte de los ingresos familiares, una proporción que creció de manera sostenida en los últimos dos años. El incremento de tarifas de luz, gas, agua y transporte, sumado al impacto de los alquileres y las deudas, redujo significativamente el dinero disponible para otros consumos.
Un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-Conicet) calculó que una familia del Área Metropolitana de Buenos Aires necesitó en mayo casi $250.000 solamente para afrontar servicios energéticos, transporte y agua potable.
Economistas advierten que el ingreso disponible de los hogares permanece prácticamente estancado desde hace varios meses y todavía se ubica por debajo de los niveles registrados a fines de 2023. Aunque los salarios continúan mostrando aumentos nominales, la suba de precios volvió a erosionar la capacidad de compra.
Los últimos datos oficiales muestran que los salarios crecieron por debajo de la inflación acumulada durante el primer trimestre del año, consolidando una nueva pérdida en términos reales.
El ajuste llega a la mesa familiar
La consecuencia inmediata de este deterioro económico es el recorte de gastos cotidianos. Distintos estudios privados reflejan que una amplia mayoría de los trabajadores considera que su sueldo ya no alcanza para cubrir necesidades básicas y que el dinero dura apenas unas pocas semanas después de cobrar.
En ese contexto, las familias comenzaron a resignar consumos esenciales. Entre los principales recortes aparecen alimentos, atención médica, medicamentos, actividades recreativas y compras habituales del hogar.
También se profundizó la dificultad para sostener la cobertura de medicina privada. En los últimos dos años, cientos de miles de personas abandonaron las prepagas debido al fuerte aumento de las cuotas, que crecieron muy por encima de la inflación general.
Actualmente, una cobertura médica privada promedio puede superar los $160.000 mensuales y, en algunos casos, alcanzar cifras considerablemente más altas según la edad y el plan contratado.
Alquileres y deudas absorben gran parte del sueldo
El alquiler aparece hoy como el principal gasto mensual para buena parte de los trabajadores argentinos, incluso por encima de los alimentos. A eso se suma el peso creciente de las deudas y los compromisos financieros asumidos para sostener el consumo en medio de la pérdida salarial.
Los relevamientos muestran además que el margen para el ahorro prácticamente desapareció. Nueve de cada diez argentinos reconocen que no logran guardar dinero a fin de mes, principalmente porque los ingresos se destinan íntegramente a cubrir gastos básicos.
En muchos hogares, el ajuste ya no pasa solamente por postergar consumos no esenciales, sino por resignar servicios y prestaciones que hasta hace pocos años formaban parte de la vida cotidiana de la clase media.
Mientras tanto, la caída del poder adquisitivo continúa impactando sobre el mercado interno y profundiza el freno del consumo, uno de los principales motores de la actividad económica.